Tema elegido: Cocinar con palabras, una inmersión íntima en memorias culinarias donde las recetas son mapas del corazón, los sentidos son narradores y cada plato guarda una historia que pide ser contada. Comparte, comenta y suscríbete para seguir degustando relatos sabrosos.

La primera sopa que aprendiste

¿Recuerdas la primera sopa que preparaste sin ayuda? Aquella torpeza dulce, el vapor empañando las gafas, la sal medida a ojo y una cucharada extra para el alma. Cuéntanos cómo ese caldo aprendió tu nombre.

Un cuaderno manchado de aceite

Las páginas pegadas por el tiempo, una letra inclinada, notas al margen que dicen “más comino si hace frío”. Ese cuaderno es una abuela que nos mira de reojo mientras nos corrige con cariño.

Cómo escribir memorias culinarias

Mapa de sabores y emociones

Asocia cada ingrediente con un recuerdo concreto: la acidez con aquel verano, el amargor con un adiós, la dulzura con una risa. Deja que el paladar dirija el ritmo narrativo con honestidad sensorial.

Voz, punto de vista y sazón

Escribe como hablas en la cocina: directo, cálido, sin grandilocuencia. Usa el “yo” cuando el recuerdo arde y el “nosotros” cuando el mantel convoca tribu. La sazón es tu tono único.

Ética del recuerdo compartido

Si narras historias familiares, pregunta, escucha y honra silencios. Cambia nombres si hace falta, pero no traiciones la verdad de los afectos. La empatía también se cuece a fuego lento.

Ingredientes como personajes

La cebolla que te hace llorar bien

No son solo lágrimas por el sulfóxido; lloras por el tiempo cortado en plumas finas. Cada loncha abre una escena, y el cuchillo marca la puntuación de una confesión largamente postergada.

El pan que aprende a respirar

La masa sube como un suspiro repetido. En la espera, recuerdas a quien te enseñó paciencia con un paño húmedo. Fermentar también es creer que mañana valdrá la pena.

Especias como brújulas emocionales

La cúrcuma enciende mañanas, la canela arropa despedidas, el clavo murmura otoños. Elige una especia y cuéntanos a qué lugar secreto te devuelve cuando la calientas al fuego.

Recetas que cuentan historias

Mezcla, prueba, escucha, respira. Que los verbos manden pero abracen. Una receta puede ser un poema si le dejas lugar a la pausa, a la duda y a la sonrisa que aparece de repente.

Recetas que cuentan historias

Una pizca no es descuido: es confianza heredada. Describe cómo supiste que estaba listo “cuando olió a domingo”. La exactitud emocional sostiene los gramos que faltan.

Crónicas de mercados y fogones

Amanecer en la plaza

El puesto de tomates llega antes que el sol. Escuchas cajas, saludos, noticias breves. Compras por olor y por historia, y la lista de la compra termina con un chisme sabroso.

Voces que pesan como balanzas

El vendedor de especias recuerda tu preferencia y te guiña un secreto. Cada conversación agrega matices al guiso y a la página, como si la charla fuese un caldo claro y honesto.

Fotografiar con palabras

Anota colores sin cámara: rojos cansados, verdes crujientes, sombras violetas. La descripción precisa convierte el paisaje gastronómico en retrato íntimo, listo para sazonar tu capítulo.

Tu voz en esta mesa común

Envíanos un texto breve con una receta y el recuerdo que la sostiene. Publicaremos selecciones mensuales para brindar juntos historias que alimenten a todos.

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